Alberto Rojo Ruiz, fisioterapeuta respiratorio en la UCI del Hospital Vall d’Hebron de Barcelona.

En los últimos años, y cada vez con más intensidad, la fisioterapia respiratoria se ha convertido en uno de los principales tratamientos para combatir las afecciones respiratorias. Tanto adultos como bebés se pueden beneficiar de las numerosas técnicas que abarca esta especialidad de la fisioterapia.

En el caso de los más pequeños, se convierte en una herramienta fundamental para cuidar y preservar su aparato respiratorio, todavía en desarrollo. Aún más si cabe en esta época del año, donde encontramos la combinación perfecta para que los virus respiratorios entren en acción: los meses fríos de invierno junto con la asistencia a la escuela infantil o colegio.

Estos virus se presentan en los pequeños, por lo general, de forma leve (como el resfriado común), pero a veces pueden provocar una afección más severa, como la temida bronquiolitis.

Un abordaje multidisciplinar

Los padres desempeñan un papel fundamental en la prevención y detección de la enfermedad respiratoria. Los principales signos clínicos que deben ser conocidos por los padres y, ante los cuales, hay que acudir al especialista, son:

  • Respiración acelerada
  • Silbidos al respirar
  • Agitación
  • Lloros recurrentes
  • Vómitos

Es el profesional quien debe valorar al niño e indicar el tratamiento más adecuado que, en muchos casos, incluye sesiones de fisioterapia respiratoria. Es importante resaltar que la fisioterapia respiratoria no debe sustituir al tratamiento médico, sino complementarlo para hacerlo más efectivo.

Uno de los objetivos de esta rama de la fisioterapia es reducir la obstrucción de las vías aéreas producida por la hipersecreción. Durante los primeros meses de vida, el bebé es muy vulnerable a cualquier tipo de afección respiratoria y el moco es una de sus principales consecuencias. Esta mucosidad se puede convertir en un verdadero problema para el bebé y para sus padres. Gracias a la fisioterapia respiratoria conseguimos eliminar estas secreciones mucosas y, como consecuencia, logramos una mejor ventilación y oxigenación pulmonar.

Al limpiar el árbol bronquial nos encontramos, indirectamente, con otros beneficios no menos importantes. El primero de ellos está relacionado con la nutrición. Una alimentación insuficiente puede ser consecuencia de este taponamiento en vías respiratorias. Al quitar este moco, conseguimos que el bebé se sienta «menos lleno» y por consiguiente que coma mejor.

Otro beneficio, y uno de los más importantes, es la mejora de la calidad del sueño. Los bebés con secreciones pulmonares no consiguen descansar bien y se despiertan constantemente. Si eliminamos ese moco conseguiremos que el bebé respire de una forma óptima y que esto no interfiera en su sueño.

Al mejorar estos dos pilares fundamentales del desarrollo del bebé (alimentación y sueño), la fisioterapia respiratoria logra mejorar la calidad de vida del niño y, por consiguiente, la de sus padres.

Los lavados nasales

Hoy en día se sigue recomendando la realización de lavados nasales con suero fisiológico a los bebés, pero debemos tener en cuenta dos puntos. Por un lado, está técnica siempre debe ser realizada siguiendo las indicaciones de un fisioterapeuta. Y, por otro, tenemos que ser conscientes de que no todos los problemas respiratorios se solucionan de esta manera. Es importante no enmascarar otras patologías más graves.

Por ello, la actuación de los padres se debe centrar en la detección precoz de los signos clínicos descritos anteriormente y será el facultativo quien determine el alcance de la enfermedad y su tratamiento multidisciplinar de la mano de distintos profesionales.

 ¿Qué más pueden hacer los padres en casa?

Ante una afección respiratoria leve, también podemos poner en práctica estos consejos en casa, los cuales ayudarán a mejorar el estado del niño.

1) Darles de beber: es muy importante que se mantengan perfectamente hidratados. Además, el líquido ayuda a diluir el moco y a expulsarlo con más facilidad.

2) La posición: para ayudarles a respirar mejor es recomendable que estén incorporados. A veces, incluso, se encuentran mejor sentados en el carrito, ya que es la posición en la que el aparato respiratorio trabaja de forma más eficaz.

3) La ventilación: al tratarse de afecciones respiratorias, debemos cuidar la calidad del aire. Una buena ventilación de la casa es imprescindible para no agravar la enfermedad.

4) La humedad: es importante mantener una humedad óptima en el hogar (y en especial en la habitación del bebé), ya que el sistema respiratorio de los más pequeños es muy sensible a los factores ambientales. El rango recomendable de humedad, situado entre el 40% y el 60%, es complicado de mantener en climas secos o en estancias calefactadas. En estas circunstancias se recomienda el uso de un humidificador, que debe lavarse a diario para evitar la proliferación de gérmenes. No es aconsejable abusar de su utilización. Con encenderlo 1 hora antes de que el niño vaya a dormir será suficiente.

En definitiva, la detección precoz de la afección, su tratamiento multidisciplinar y un tratamiento y hábitos correctos en casa nos van a permitir abordar de manera óptima e integral la enfermedad y sus posibles contratiempos. Un objetivo común encaminado a “dar aire a nuestros pequeños” y  mejorar su calidad de vida.

 

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