Ya lo dijo Charles Dickens: “El ser humano es un animal de costumbres”.

Las rutinas crean una zona de confort a nuestro alrededor, al ayudarnos a generar costumbres que no requieren de reflexión o grandes esfuerzos.

Cuando una rutina fuertemente instaurada se rompe, sentimos un desequilibro interno que nos puede llevar al desconcierto y a la infelicidad.

Esto es aún más acuciante en los bebés, los cuales necesitan unos patrones cíclicos que se repitan a lo largo del día para sentirse seguros, calmados y protegidos. Necesitan saber qué esperar en cada momento.

El sueño es una de las necesidades biológicas que más afectada se ve por las rutinas asociadas al mismo. Por ello, a partir de los 6 meses, es recomendable que todos los días repitamos los mismos rituales, que preparen a nuestro pequeño para dormir. Al principio serán rutinas breves y sencillas y poco a poco iremos introduciendo otras actividades.

¿Por dónde empezamos?

Duranta el día es fundamental que salvaguardemos las ventanas de sueño de nuestro bebé, es decir, el tiempo que pasa despierto entre siestas. Esto hará que su “tanque de sueño” llegue lleno a la noche y no esté sobrecansado, lo que se traduciría en un mal descanso nocturno con despertares.

Nuestros ritmos circadianos y reloj biológico se ven directamente afectados por la luz del día. Es aconsejable que los niños se expongan a la luz diurna durante las horas de sol y realicen actividades al aire libre, en la medida de lo posible.

A media tarde, llega el momento de bajar revoluciones, atenuar las luces e iniciar un ritual más relajante que prepare al niño para el sueño nocturno. Debemos realizar actividades poco estimulantes adecuadas a su edad: leer cuentos, hacer un puzle, jugar a las construcciones, etc. Busquemos siempre una actividad que le guste y le tranquilice.

¡Muy importante! Entre 1-2 horas antes de acostarse hay que evitar el uso de cualquier tipo de pantallas de móvil, tablet, televisión, etc., ya que la luz que emiten inhibe la segregación de melatonina, hormona inductora del sueño.

Baño, ¿antes o después de la cena?

Podemos convertir la hora del baño en un momento especial y relajante. Una de las dudas más típicas es si es mejor bañarlos antes o después de cenar. ¡Cualquier opción es buena! Si no le gusta nada el baño y se pone nervioso o, todo lo contrario, le relaja tanto que se queda dormido y le cuesta cenar después, hagámoslo lo primero. En España, por condicionamiento cultural y horarios, solemos bañar primero y dar la cena después, pero cualquier opción es válida.

Durante el bañito, podemos poner de fondo ruido orgánico o blanco y una luz cálida tenue, para acabar dando un breve masaje relajante a nuestro bebé.

Si toma pecho o biberón antes de dormir, es importante que no se duerma en nuestros brazos mientras come, pues corremos el riesgo de que demande lo mismo en sus despertares nocturnos. Si queremos enseñarle a dormirse solito, debemos dejarle en su cuna o cama adormilado pero despierto, para que aprenda a conciliar el sueño por sí mismo.

Es recomendable realizar todas estas actividades en el mismo orden a diario, para ir generando unos patrones saludables de sueño en nuestro bebé y predisponerle positivamente para el momento de ir a dormir.

La rutina, desde el momento que empezamos el baño o la cena (según el orden elegido) no debería durar más de 45-60 minutos para no cansar ni excitar a nuestro bebé.

También es bueno generar rutinas a la hora de despertarse. Toca activarse y que nuestro bebé sepa que comienza el día y la actividad. Podemos subir persianas para que entre la luz del sol, cantar alguna canción infantil… ¡Cualquier cosa que anime y le guste a vuestro peque!

Y vosotros… ¿Qué rutina realizáis con vuestros hijos? ¿Sois muy estrictos con los horarios?

 

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